6 errores que cometemos al escribir ciencia ficción

  • sábado, septiembre 16, 2017
  • By Antonio Távara
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Si hay un género que en las últimas décadas logró (y logra) una gran masa de simpatizantes es la ciencia ficción. Desde la segunda mitad del siglo XX, la cantidad de gente que consume esta clase de literatura es tanta que, si echamos un ojo a la lista de los escritores mejores pagados en la actualidad, la mayoría pertenecen a este género. ¿Y cómo no lo sería? La CF satisface una de las necesidades humanas más antiguas: nuestra curiosidad hacia el futuro. 

Esta curiosidad, sumada a la demanda de contenidos de este tipo, hace que cada vez más escritores nos decantemos por este camino que bien puede dar glorias o bien puede dar penas (como las mujeres, o los hombres, o los perros, o cualquier cosa que ocupe una pequeña parte de nuestro tiempo), sin saber muy bien cuales son los riesgos a los que nos afrontamos o cuales son los errores que cometemos. Cómo tú, que lees esto a la espera de que termine mi aburrida introducción y suelte los consejos; o como yo, que no sé que más escribir para que el número de palabras en este artículo aumente. 

Cómo ya no sé de que más hablar, menos vamos de una vez al grano, que ya te vi con la mano en la boca a punto de bostezar. 

Seis errores que cometemos al escribir ciencia ficción

Personajes como tablas de surf

Hay quienes dicen (y otros tantos que se les oponen, por lo que mucho depende del tipo de novela) que los personajes, tanto principales como secundarios, son quienes aportan el máximo brillo a la novela y su construcción debe ser mucho más compleja que cualquier otro elemento de la historia. Un ejemplo claro de esto es “El hombre en el castillo” de Pillip K. Dick. En esta obra, aunque la cuota de tecnología está presente, las estrellas son los protagonistas. 

Lastima que no pueda mencionar otros ejemplos más actuales. La corriente actual del género tira más hacia el Space Opera y Space Western, y deja de lado al principal objetivo de esta clase de libros: la crítica social. 

Cuando te sientes a planear tu historia, ten muy presente que la misma debe ser la consecuencia directa de las acciones de los personajes. Con esa premisa en tu mente, te será más fácil crear tramas complejas cuando estas respondan a las acciones complejas de hombres y mujeres complejos*. Nada complejo, ¿verdad?

Ella es Rayita. Rayita ha protagonizado miles de fanfics en Wattpad y su belleza la llevó a la fama y la fortuna. Hoy pasa sus días posando para las cámaras de Hojalata mágica. A su lado, la nada importante asistente. 

*Si no sabes como lograr esto, prueba con este método de Gabriella Campbell, a mi me sirve de mucho. 

Ya no me cuentas nada… 

Volvamos a lo que dije al principio: la principal razón por la que leemos CF es nuestra curiosidad de cara al futuro. Aunque un libro pueda resultar más costoso que una lectura de mano o una sesión de Tarot frente a una gitana con un gran lunar sobre los labios, lo primero suele ser más provechoso.

¿Pero que pasa cuando estás por acabar el libro y sigues sin entender  por qué esos humanoides con manos palmeadas no pueden sobrevivir a temperaturas inferiores a los 10 °C o cuando llegas a la última página y aún no comprendes por qué la chica del protagonista pudo sobrevivir en el satélite olvidado donde ni siquiera hay atmósfera?

¿Lo ves? Ellas también prefieren los libros. 


Otro de los principales problemas que tenemos los escritores noveles de CF es olvidar que escribimos CF. A pesar de crear un contexto atrapante y un desarrollo digno de los Nébula, solemos creer (muchas veces después de navegar por cientos de blogs sobre cómo escribir) que privar al lector de información clave se creará una sensación de suspenso que lo mantendrá enganchado hasta el final. 

Falso. Falso. Falso. 

Hacer esto solo hará que cierren el libro. 

Solo suelta tu pluma un momento y piensa, ¿por qué sucede esto? ¿hay forma de que los personajes lo sepan? Si la segunda respuesta es un sí, incluyela de forma sutil (tanto como puedas, pero que se note); si tu respuesta es no, mejor replantea toda la escena.

¡Hey, hey! ¡Más despacio cerebrito!

Es curioso que el siguiente error sea justo el punto opuesto al anterior. Es por eso que me encantan en sobremanera los puntos medios.

Esto seguro ya lo leíste algunas o muchas veces (depende de cuantas páginas para escritores revises al día): nunca incluyas toda la información no relevante en tu historia. 

En serio, no lo hagas.

Nunca.

JAMÁS.

O si no... ¡Pum!


Pero, ¡oye! ¡Me acabas de decir no prive al cliente de información! (Sí, un lector es un cliente). No te preocupes, no seré tan descarado como para negarlo. Ofrecer información no es malo por las razones que ya mencionamos, el mal comienza cuando soltamos información no interesante, no necesaria, no desencadenante, no nada. 

Puedes que tú consideres importantísimo mostrar la infancia del padre de algún extra solo porque se te ocurrió que es una historia genial; y sin embargo, no lo es. Tampoco es genial explicar toda la ingeniería detrás del lujoso inodoro automático que tiene tu villano en su mansión construida con el llanto solidificado de sus víctimas. Mucho menos es interesante hablar sobre la interacción gravitatoria en tu sistema estelar binario (a menos que eso afecte la nave en la que viaja tu protagonista. En ese caso, podrías mencionarlo a grosso modo). 

Al decidir que información incluir en una historia, suelo pasar primero por las tres coladeras de Sócrates. Prometo hablar sobre su uso para la literatura en una entrada futura, pero en pocas palabras significa tres cosas: las referencias de tu historia deben ser verdaderas (Claro, se toma como punto de partida las leyes que creaste y las bases lógicas sobre la que te fundamentas), buenas (interesantes) y necesarias (su aparición debe tener una justificación). 

¿Documentación? ¡Ni papas!

Si continuaste hasta aquí, no deberías tener problemas en este sentido, porque te gusta informarte. O igual y solo llegaste porque no tenías nada interesante que leer y el título te llamó la atención, o recibiste tanta publicidad basura de mi parte que te rendiste y decidiste abrir el enlace. No importa. 

Quizá la única diferencia entre la fantasía y la ciencia ficción es la que propone Orson Scott (El juego de Ender, 1985) quién explica que el segundo género trata “sobre lo que podría ser y no es”, mientras que el primero habla “sobre lo que no puede ser”. Es decir, la CF puede responder a (más o menos) las mismas reglas que imperan nuestro mundo y sus consecuencias son, en esencia, racionales. 

Sin embargo, allí viene otro de los principales “inconvenientes” (no quiero llamarlo problemas más grandes que el tamaño de Júpiter y todas sus satélites, juntos). Somos tan perezosos que no investigamos; creemos que las películas y los libros de ficción nos proporcionan la suficiente base como para escribir 350 000 palabras sin pasar siquiera por Wikipedia. Esto es, en palabras sencillas, UN TERRIBLE ERROR. 

Por algo esta categoría tiene la palabra CIENCIA marcada por todo el rostro. 

(Vale, no sabes por qué. Te cuento: tiene una buena dosis científica, a pesar de que lo más probable sea que no llegues a usar toda la recopilación). 

Todo aquello que incluyas en tu historia debe tener una justificación probable, “real”. 

No solo de rayos láser y estrellas enanas viven los hombres

Aquí quiero ampliar algo que ya mencioné en el primer punto y que también se desprende del tercero (aunque para notarlo quizá debas hurgar un poco). 

En sus buenos tiempos (y también en los actuales, pero siempre quise decir “en sus buenos tiempos”), la CF contenía temas de trasfondo social muy marcado, representado en su mayoría de veces por los conflictos internos y externos del protagonista con sus congéneres. Este fin supremo se ha perdido en los últimos años, y dio paso a historias vacías llenas de lucecitas, armas de aspecto futurista y planetas gigantescos donde se viven batallas descomunales por razones estúpidas (bueno, si sacamos al pacifista que llevamos dentro, sabremos que todas las batallas descomunales suelen ser por razones estúpidas); a pesar de esto, existen aun muy buenos referentes tanto en clásicos (como Victor Frankestein) e historias modernas como la bilogía de Akasa-Puspa, (mil veces recomendada), o incluso en el cine con ejemplos monumentales como Avatar. 

—¡Pero, hey! —me dirás—, yo quiero vender mis libros, convertirme en best-seller y ganar millones al vender la franquicia a Lionsgate, no puedo aburrir a mis futuros lectores con delirios de moralidad y conciencia social, ni tampoco imponerles mi forma de pensar. ¡Tonterías! —gritas, mientras te levantas del sofá tapizado con cuero de elefante y lavado con llanto de vírgenes.

Lo sé, tengo una ligera obseción con el uso que se le puede dar a las lágrimas. Esta, por ejemplo. 
No te digo eso. Ya debes conocer la importancia de no permitir que las posturas personales influyan en tus escritos. A lo que me refiero es que siempre trates de mostrar algún problema de la sociedad actual y plantear como se degeneraría en tu mundo recién creado. Esto aportará profundidad, realismo (sí, realismo) y riqueza tanto al desarrollo como a los personajes. Con respecto a las opiniones propias, serán ellos mismos quienes, a través de su código de conducta y su pasado las tomarán por sí mismos; tú solo deja que fluyan.

¡Hey! ¿Qué hace Zeus en esa máquina


Ah, el Deus ex machina, esa herramienta tan hermosa y usada desde tiempos inmemorables, también preferida de algunos escritores noveles para terminar con las historias de una forma imprevisible y alucinante, que deja al lector con la pregunta: ¿Cómo rayos pasó esto? 

Vamos, que no es tan mala. 

Está bien, sí es muy mala. 

Hace mucho (y con mucho me refiero a MUCHO) tiempo, era la forma preferida de los griegos para culminar sus obras teatrales; pero a la fecha, usar este método solo demuestra pobreza creativa e incapacidad del autor para culminar su propia obra. Con esto no digo que un final imprevisible sea malo (de hecho, no hay nada mejor que eso para que un lector quede satisfecho), digo que debes estar muy atento para no caer en este error. 

A todos aquellos que me piden consejo para escribir siempre les recalco esto: El final de tu relato tiene que ser inesperado, pero al mismo tiempo debe ser la única opción posible. 

¿Cómo logramos esto? Sencillo (al menos en teoría), el incluir pequeñas pistas individuales que se unan al final a un elemento clave como las piezas de un rompecabezas. Hacerlo es un arte en sí mismo, un arte que se logra con la práctica.



Y así acaba este pequeño listado con algunos de los errores más comunes al escribir este subgénero de la ficción especulativa. Estoy bastante seguro que existen muchos más, algunos tan tontos que nos reímos al darnos cuenta de lo mucho que caemos en ellos, y otros tan complejos que ni siquiera los consideramos traspiés. Antes de tomar este artículo como una guía por evitar a rajatabla, pregúntate que es lo que tu historia necesita para brillar, que al final es lo único importante.

Y tú, ¿cuáles crees que son los errores más comunes en la ciencia ficción?

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