Por qué deberías escribir si te gusta leer

  • lunes, octubre 30, 2017
  • By Antonio Távara
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En todo el tiempo que llevo de vida (que tampoco es tanto) siempre le recomendé a escribir a cualquier persona que se me cruzó por el camino. Algunos me hicieron caso, otros no. Eran épocas en las que yo mismo no me decidía por iniciar con fuerza una carrera literaria o que cada vez que lo hacía me arrepentía a las dos semanas. Hace ya unos cuantos meses que no lo hago, porque tuve que pasar por esa etapa en la que todos pasamos; esa en la que nos sentimos superiores por aporrear nuestro teclado y soltar letras que a simple vista no tienen ningún sentido (y es posible que no lo tengan). Sin embargo, este noviembre es el mes del NaNoWriMo y en el mes de NaNoWriMo todo el mundo escribe; entonces, ¿por qué tú no?

Sin embargo, no quise que este artículo sea un monólogo sobre lo genial que es escribir porque caería una vez más (como si no fueran ya suficientes) en la pedantería. Por ello, hice una encuesta en Facebook, en mi Twitter, en WhatsApp y en todo lugar de la red donde tenía contacto con otros escritores. Fue una sorpresa para mí el toparme con el pensamiento de otros como yo, cuando me dijeron: No, no todo el que lee debería escribir. Algunas personas dieron excusas muy tontas y otros más válidas (referentes a los gustos y otras cosas) pero todos asumieron que mi pregunta iba dirigida como una obligación en vez de una invitación.

Un maestro de literatura, de los primeros que echaron un ojo a mi trabajo cuando yo daba mis primeros pasos en este mundo, le dijo a mi clase que la lectura era como un veneno; y la escritura, su único antídoto. Pasaron ya seis años desde que esto ocurrió y nunca olvidé sus palabras, y es probable que nunca lo haga.

Este artículo no trata de obligarte a escribir si no es tu deseo hacerlo; saben todos que ya obedecemos suficientes órdenes de suficientes personas. Aquí encontrarás razones para sentarte frente a la historia que siempre quisiste escribir, pero a la que nunca le diste la oportunidad.

Al final resultó ser un monólogo.

Por qué deberías escribir si te gusta leer

Porque es una de las mejores terapias psicológicas

Una de las pocas respuestas positivas vino de parte de Aritz Perez Berra, redactor y dueño del blog El constructor de mundos, quien expresó: «Yo creo que todo el mundo debería escribir, aunque sea para analizarse y expresar con palabras sueños, deseos y sentimientos».

Las personas tenemos un mundo interno complejo. Una complejidad que supera por mucho la de nuestros personajes. Muchos escritores comenzamos en nuestras aventuras literarias con un simple párrafo apuntado en una servilleta o en la parte final de un cuaderno escolar, como una vía de escape a la tormenta que puede asolar nuestra mente. Muchos escritores, noveles y también los reconocidos, vuelcan sus deseos, aspiraciones y miedos a través de sus historias. Desde Stephen King en Misery (1987) hasta Doris Lessing con El cuaderno dorado (1962) o Gao Xingjian en La montaña del alma (1990).

Imagen real de la mente de una persona. También puede ser la fotografía manipulada de un techo renacentista. 
De hecho, esta práctica de plasmar emociones y demás en una hoja de papel es una práctica psicológica recomendada por muchos especialistas en la materia. Por ejemplo, David Salinas habla sobre el tema aquí.

Para hacer realidad tus sueños (y también tus pesadillas)

Cuenta el ideario popular que Edgar Allan Poe, genio del cuento y principal referente del romanticismo estadounidense, escribía sus pesadillas. Por toda su producción podemos deducir que se trataba de una persona atormentada (se casó con su prima y hay quien dice que se recluyó en el alcohol cuando ella murió, doce años más tarde). Sea como fuese, sus sueños materializados grabaron su nombre en los anales de la literatura.

Los sueños son quizá la principal fuente de inspiración del escritor. También son parte del cúmulo de emociones que no debemos o podemos liberar durante el día y por las noches aflojan sus grilletes para bailar la macarena en paños menores. Conozco a muchos colegas que inspiraron grandes historias en sueños, muchos de los cuales se repitieron hasta que se dispusieron a concretarlos.

Yo mismo me he despertado muchas veces a la media noche con una gran idea que no apunté y a la mañana se había ido para no volver. Y seguro que tú también.

Para crear mundos nuevos

Ah, la fantasía. Ah, la ciencia ficción. Caldos de cultivo para n-llones de historias. Crear planetas y universos nuevos es parte del atractivo de la literatura, el ejercicio perfecto para nuestra imaginación y un gran medio de alivio para la tensión emocional. Ni siquiera deben tener (al comienzo) reglas estrictas; la idea es sentarse y dibujar ese mundo en dónde los elefantes flotan y los samuráis son los dueños del mundo.

Imagina un mundo gobernado por una estraterrestre de aspecto oriental que todas las tardes hace bailes sensuales sobre la ciudad. 
Razones sobran para jugar a ser dios. Puedes tal vez no estar contento/a con lo que ves cada día, o quieres un orbe en el que gobiernen los gatos, en donde fluya jugo de frutas de entre las rocas, o simplemente quieres cargarte el que ya tenemos en un apocalipsis bíblico digno de una película de Alfred Hitchcock. Cualquier motivo para diseñar un nuevo mundo es suficiente y nuestra propia imaginación es el único límite.

Para leer lo que siempre quisiste leer

Admítelo. Como lector(a) alguna vez te sentiste frustrado porque no te gustó el final de un libro. Puede que lo hayas considerado demasiado sacado de la manga o simplemente la pareja que tanto shippeabas no terminó junta. No hay problema, siempre puedes crear tus propias historias. Claro que deberán quedar para ti, a menos que quieras enfrentarte con ejércitos de abogados en demandas por derechos de autor; pero vamos, nunca encontrarán ese fanfic de Juego de Tronos que guardas con celo debajo de tu colchón (No te preocupes, a mí también me dolió la muerte de Eddard Stark).

Amelia está tan cansada de no encontrar lo que le gusta en los libros que ahora se autoflagela con un diccionario.
La novela que estoy escribiendo, de la que te dejé un enlace más arriba, tiene mucho de mis propios deseos de leer algo nuevo. Estaba un poco cansado de ver novelas con apocalipsis que no tenían mucho que ver con el libro que popularizó la palabra (ya sabes, ese en donde los dragones de doce cabezas combaten con ángeles y una virgen corre por el desierto), así que me puse en ello y es una de las mejores decisiones que tomé en mi vida. Con suerte y hasta la termino.

Hurga en tu memoria y encuentra esa historia que siempre quisiste ver en papel pero que hasta ahora no encuentras (o no buscaste lo suficiente). ¿Recuerdas de qué iba? ¿Por qué no te animas a plasmarlo en una hoja?

Porque un mundo con más opiniones es un mundo mejor

Bien, no trato de que regresemos al Neoclasicismo; soy un gran promotor de la literatura de diversión y no creo que para que sea considerada de calidad necesite (al menos no de forma obligatoria) dejar un consejo moralista o enriquecedor. Sí defiendo, y defenderé hasta morir, la necesidad de que los escritores sembremos en la mente de los lectores la semilla del pensamiento propio y las opiniones diversas.

¿Te imaginas un mundo en el que todos pensaran lo mismo? La unificación de ideas ya causó guerras mundiales y tanta masacre como ningún historiador por sí solo puede llegar a registrar.

Como amante de la política y de la democracia (a pesar de que todos digan que no debemos mezclarlo con nuestro oficio) puedo dar fe que las dictaduras solo se combaten con palabras y las ideas de renovación son armas eficaces para los pensamientos retrógradas (y no sigo, porque me sale mi yo izquierdista y no paramos hasta pintarte de rojo). Por ello, siempre trato de incluir algún elemento de crítica social en mis historias; lo bastante sutil como para no incomodar a los más conservadores, pero también instigador para los más perceptivos y abiertos. Aunque tal vez con La corona de sangrestrella (la novela que preparo para el NaNo) se me pasará un poco la mano. Lo siento, amigas feministas.



Con este llegamos a diez artículos en este blog. Vale, parecerá poco, pero para alguien que no tenía la más mínima intención en continuar con el proyecto significa mucho. Antes de irte debes saber dos cosas.

  • Este jueves me pasé por la casa de MariMar Gonzalez Gomez (un lujazo para mí) y colaboré con un artículo sobre naves generacionales que tuvo una gran acogida.
  • El domingo envié una newsletter a mis suscriptores sobre La ficción especulativa en el panorama literario actual. Es una reflexión muy cortita. Si no la recibiste (a pesar de buscar en el correo no deseado) avísame y te lo envío una vez más.
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