Reprogramar tu mente para ser mejor escritor

  • jueves, octubre 12, 2017
  • By Antonio Távara
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Tenía ganas de escribir sobre esto desde hace muchas semanas, cuando me topé con un artículo en inglés (que mi poca organización hizo que perdiera. Toda la culpa a ella.) sobre la reprogramación mental y el cómo cambiar nuestros paradigmas a fin de cambiar como personas. El tema en sí me pareció muy interesante (guardé el enlace, pero tuve la brillante idea de borrar el navegador donde lo tenía) porque, muchas veces, somos nosotros mismos quienes nos convertimos en nuestros principales obstáculos; un problema más común que se suele ver con mucha frecuencia entre en ambiente literario y que yo también como novel sufrí y sufro mucho por momentos.

Pero… ¿Qué es un paradigma?

En el contexto bajo el que nos moveremos en esta oportunidad, un paradigma está definido como una teoría o conjunto de teorías cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar y que suministra la base y modelo para resolver problemas y avanzar en el conocimiento (diccionario de la real academia de la lengua española, 2005). Creo que la definición es bastante clara en sí misma y en lo que debemos cambiar. Un paradigma, escrito en buen cristiano, son todas aquellas verdades “absolutas” que se enquistan en nuestro cerebro como el único camino para resolver un problema (para el caso que nos ocupa: ser un laureado escritor con millones de fans, decenas de cuentas bancarias a reventar y un bolígrafo con nuestro nombre).

Solo imagina tu manos firmando autógrafos a tus fans con tu sensual bolígrafo personalizado.

Está bastante claro que, como buenos rebeldes que somos, debemos de luchar contra las concepciones sociales alrededor de nuestro ambiente literario. Pero, ¿Cuáles son?

Los paradigmas más comunes a los que se enfrenta un escritor

Si no firmas con una editorial, jamás serás famoso

Esto lo escucho más a menudo de lo que se imaginan en Wattpad. La red social está plagada de un público menor de edad, jovencitas entre los 14 y 18 años que despertaron ante el sueño de la literatura a temprana edad y descubrieron que su pasión por las letras (bien por ellas, yo a los 18 todavía no sabía qué hacer con mi vida, e incluso dejé de escribir) iba más allá de sus fanfics de Harry Styles. Son personas que suelen horrorizarse ante la idea de la autopublicación, o en su efecto lo desconocen totalmente.

No tengo nada en contra de ellas; durante mucho tiempo pensé lo mismo. Pero si algo nos ha probado este mundillo contemporáneo y los nuevos escritores, es que firmar con una gran compañía no te abre las puertas del éxito. De hecho, no sé cómo pudieron pensarlo algún día.

Si bien es cierto, un buen contrato puede abrirte muchas puertas, pero de ninguna manera será tu boleto al estrellato. Aquí me gustaría detenerme a contar la experiencia de una escritora de fantasía juvenil y directora de la plataforma de Marketing Online para Escritores (MOLPE), Ana González Duque.

Según cuenta en su libro El escritor emprendedor, ella tuvo siempre (como todos) el sueño de vivir de las letras.  Inició un blog que, para no alargar la historia, llegó a tener más de diez mil visitas mensuales y que, como no podía ser de otro modo, atrajo el interés de una editorial, la que le ofreció escribir un libro que apunte el mismo público de su página y que siguiera una misma línea. Se hizo, pero para su sorpresa, la fama no llegaba. Su libro se vendía como pan caliente, se planeó y salió a la luz una segunda entrega de corte y estilo similar a la anterior, y una vez más, la fama no llegaba. Los cheques solían retrasarse, la editorial retribuía entre el 10% y 15% de las ganancias, pero los montos eran insuficientes para poder cumplir su anhelo.

Es tan famosa que se dio el lujo de lanzar un libro con su rostro en la portada.

Llegó el momento en que le echó el ojo a la autopublicación, reorientó la temática de su blog, creó MOLPE, lanzó su primera novela de fantasía juvenil “Leyendas de la tierra límite: Las tierras oscuras”, las ganancias le permitieron dejar su trabajo como médico y dedicarse al 100% a su carrera como novelista y hoy es una de las referentes en cuanto a marketing para escritores en español se refiere; tiene de hecho, un programa de coaching  de visibilidad online en que seguro algún día me apuntaré.

En resumen, Ana cambió su vida al cambiar este paradigma. Luchó, sufrió, llevó (y lleva) a cabo montañas de trabajo, pero el esfuerzo dio sus frutos. Solo es cuestión de decidirse.

Para ser recordado, necesitas crear una obra maestra

Esto va de la mano con ese lado romántico, bohemio y aislacionista del escritor antiguo (y del actual, en muchos casos).

Somos perfeccionistas, debemos admitirlo. Durante toda nuestra vida escuchamos y leímos sobre aquellos grandes genios que se pasaban años o hasta décadas puliendo y limando sus obras maestras hasta que fueran tan brillantes que te enceguecieran con su luz. Autores como Fiódor Dostoievski, J. R. R. Tolkien, León Tolstoi, Miguel de Cervantes y otros más que seguro se te vienen a la cabeza se pasaron la vida en la escritura y perfeccionamiento de su obra cumbre por la cual son recordados en todos los rincones del planeta.

Pero el panorama ya no pinta como antes.

Antes, cuando la imprenta era el juguete favorito de rebeldes y la iglesia perseguía a cualquiera que intentara traducir la biblia, los autores podían darse el lujo de publicar un solo volumen y vivir (o morir, porque muchas veces el reconocimiento era póstumo y la persecución era en vida) con ello.

El mundo ya no es así. Hoy, como en tiempos de Cicerón, todo el mundo escribe libros. Y lo que es mejor, todo el mundo tiene la oportunidad de publicar un libro. Eso hace que aquellas personas con una máquina de escribir incorporada a sus dedos y una lista de por lo menos 5000 novelas publicadas tengan muchísima más visibilidad que tú (y sí a eso le agregamos que es la autora es Corín Tellado, pues salimos en pérdidas). El día de hoy, el de mañana, y muy probablemente el mundo literario futuro está marcado por el grosor de nuestro catálogo.

También existe otro aspecto de la realidad, uno muchísimo más oscuro de lo que parece. Nunca terminarás de escribir por completo un libro. ¿No me crees? Toma el último relato que hayas escrito, revísalo y sentirás que a tu mente vienen muchísimas ideas nuevas que agregar, metidas de patas que crees haber cometido, personajes que debiste eliminar, ambientaciones de que debiste mejorar… En fin, la lista es larga y tenemos poco tiempo. Ahora toma el primer escrito que terminaste en tu vida. Revísalo y te encontrarás con las mismas sensaciones.

Leonardo Da Vinci decía (según google) que:

"Una obra de arte nunca se termina. Solo se abandona".

Así que cambia esa mentalidad. Hecho es mejor que perfecto. Eso no quita que deberás regresar a tu manuscrito más de una vez para corregir las barrabasadas que solemos teclear en nuestros momentos de inspiración, pero tampoco significa que debas mantenerte diez años y llegar hasta la trigésimo séptima reescritura para recién pensar en publicar. Escribe la primera, escribe la segunda, reescribe la primera, reescribe la segunda, publica la primera, escribe la tercera, reescribe la segunda, publica la segunda, etc., etc., etc. No te empecines en una obra maestra, porque al final todos tus libros lo serán.

Una profesión para comer y otra para vivir

Esto es algo que se repite mucho en el círculo literario de la ciudad en donde vivo y que, seguramente, también escuchaste en tus andanzas.

Nuestros padres, amigos, compañeros de trabajo y una buena cantidad de personas lo dicen: Los escritores se mueren de hambre. ¿Cómo no podrían decírtelo? Quieren lo mejor para ti; que tomes una profesión que te ofrezca un sueldo base rentable, que puedas mantener a tus quince hijos y te alcance para pagar y mantener una casa de diez pisos con 16 personas a tu servicio.

Marcelo tiene dos trabajos de 8 horas cada uno y por las noches se dedica a escribir y dormir. Lleva cinco años intentando escribir su novela corta. 

Pero tú, como buen aprendiz de escribiente, que intenta llevar una vida poética y acorde a la tradición artística de la historia mundial, ya aceptaste que deberás conformarte con obtener lo suficiente para mantener a tu gato y pagar el alquiler de un cuarto de 16 m2 en una quinta de medio pelo; siempre y cuando, claro, tus únicos libros se vendan como panetón en navidad. Una postura un poco extraña, ¿no lo crees?

Esta clase de pensamiento es nocivo porque, cuando aceptamos un supuesto destino, nos predisponemos a ello.

Podría citarme cientos de ejemplos de escritores indies que triunfaron gracias a su talento, esfuerzo y (por supuesto) a sus lectores fieles. Pero no lo haré, y no lo haré porque es tu labor, si quieres seguir tus sueños, el investigar sobre historias de éxito.

Yo te lo digo, porque lo he visto y porque conozco a quienes lo han logrado, que se puede vivir cómodamente de la escritura. Es cuestión de esfuerzo, buen ánimo y de nada más. Eso sí, es una carrera a fondo y es bastante probable que muchos no lleguen a la meta; pero cuando lo hagas, reconocerás que valió la pena.



Y con eso llegamos a la parte final del artículo de esta semana. Estoy seguro que mientras lo leías te vinieron a la mente muchísimos otros ejemplos sobre cosas que debemos cambiar en nosotros mismos para ser mejores escritores.

Lo importante aquí es no dar por hecho todas las seudoafirmaciones que puedas escuchar; no hay nada que haga más daño que las verdades absolutas (tal vez la comida picante, el cigarro o el amor; pero entiendes la idea).

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Y tú, ¿Qué clase de paradigmas crees que debes cambiar?

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2 comentarios

  1. Muy buen artículo!! sobre todo... real... sobre la realidad que atravesamos los escritores... un gran escritor decía que él había pesando que podía hacerse rico escribiendo novelas de aventuras porque había sufrido un golpe en la cabeza y había enfermado varias veces... se llama Wilbur Smith. Bendiciones.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias por pasarte.

      El mundo editorial y literario de la actualidad ya cambió, los escritores debemos estar abiertos a todas las posibilidades que se nos ponen enfrente. :)

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